Jürgen Habermas (1929-2026) fue el pensador más prolífico, profundo e influyente sobre comunicación en la segunda mitad del siglo XX. Su obra es extensa y por demás valiosa. En todas las carreras de comunicación y de periodismo no falta una materia en la cual figura alguna referncia a su obra. “Historia y crítica de la opinión pública” (“Strukturwandel der Öffentlichkeit”) y “Teoría de la acción comunicativa” (“Theorie des kommunikativen Handelns”) son dos obras insoslayables. Su aporte teórico es ya un clásico de la teoría social y política. Este artículo del catedrático Manuel Arias Maldonado, “La gloriosa derrota del viejo alemán” es una muy buena síntesis del proyecto habermasianod e construcción de una teoría que funde la práctica y la construcción de una democracia liberal en un consenso entre los actores. Algunos fragmentos destacables aquí:
“En las últimas décadas, el auge de las identidades parecería señalar una derrota póstuma del racionalismo habermasiano ante sus contendientes multiculturalistas, poco interesados en someter a las minorías al debido examen deliberativo: el sentimiento manda y no cabe imaginar nada más alejado del talante de Habermas que la cultura de la cancelación que silencia al “otro” a golpe de shitstorm digital”.
“Y lo mismo vale para el populismo, que ha venido a sumarse con fuerza al nacionalismo y a las distintas formas de extremismo ideológico en el catálogo de las fuerzas iliberales que descreen de esa democracia liberal que Habermas siempre se esforzó por defender”.
“De ahí que asomase en las últimas entrevistas que concedió –una de ellas es la base de un libro del año pasado, Es musste etwas besser werden, traducido ya al inglés– la preocupación por el estado actual de las democracias”.
“De Habermas nos consta ante todo la tesis de que el ser humano se caracteriza por su capacidad para implicarse en acciones comunicativas orientadas al entendimiento intersubjetivo, de modo que la democracia liberal debe organizarse sobre la premisa de la deliberación pública”.
“El mejor Habermas es aquel que reconstruye normativamente el mundo sobre el que fija su mirada, lo que a mi juicio permite destacar la primera de sus obras (Historia y crítica de la opinión pública, fechado en 1962) y la madura reflexión en que consiste Facticidad y validez“.
“Lo que cuenta a sus ojos es la aparición de un ideal democrático a la vez inclusivo e igualitario; el mismo principio rector de la discusión crítica haría posible su gradual mejoramiento”.
“A diferencia de los miembros más pesimistas de la Escuela de Frankfurt, Habermas creía en el poder de la racionalidad para mejorar la sociedad; allí donde Adorno y Horkheimer solo veían una racionalidad instrumental que nos conduce al abismo, Habermas reclama atención al matiz y coherencia lógica: incluso la crítica radical de la racionalidad se asienta sobre la razón y presupone la posibilidad de la comunicación“.
“De ahí que Habermas distinga –de manera quizá inconvincente– entre la acción instrumental orientada a la dominación y la acción comunicativa que persigue el mutuo entendimiento. Vuelca entonces su interés hacia el lenguaje y sostiene una tesis ambiciosa: que los ideales de autonomía y responsabilidad están presupuestos en el uso humano del lenguaje”.
“Aunque este es también descriptivo y expresivo, a Habermas le interesa su dimensión pragmática: lo que hacemos cuando hablamos. Y lo que hacemos, a su juicio, es buscar el consenso con los demás: afirmar que el uso del lenguaje no implica el entendimiento es incurrir en una abismática contradicción”
“Para Habermas, cualquier acto de habla formula de manera implícita tres presupuestos: que decimos la verdad; que decimos lo correcto dentro del marco normativo en que nos encontramos; que hablamos sinceramente. Y si nos entendemos entre sí de manera cotidiana, es porque compartimos un mismo ‘mundo de la vida’ en el que compartimos los mismos significados; cuando discutimos con los demás sobre la corrección de un postulado sobre el que no existe acuerdo, en cambio, hacemos ‘discurso’. Pero esa discusión presupone la posibilidad del consenso racional; si no, ¿para qué hablamos?”
“La vida social y política –en esto sigue a Max Weber– tiene menos que ver con la búsqueda pragmática del consenso que con la lucha por y el ejercicio del poder. Para colmo, el mundo de la vida se ve progresivamente colonizado por la monetarización y la juridificación; proteger el mundo de la vida es necesario para que el genuino debate público sea posible”.
“Su teoría democrática combina el liberalismo con el republicanismo cívico: rechaza la idea de los derechos pre-políticos (el derecho no existe antes del proceso social de su elaboración) y descree del énfasis republicano en la colectividad (que puede engullir al individuo)”.
“Su intuición es que el constitucionalismo liberal y la democracia popular son co-originales: los derechos individuales establecen la condición bajo las cuales se desarrollan formas de comunicación que generan la ley legítima. Se trata de una concepción procedimentalista del derecho y la política: la bondad del procedimiento legitima sus resultados”
“Si la evolución social resulta del aprendizaje colectivo, la deliberación es parte esencial del mismo: un proceso interminable que hace posible el progreso humano pese a las regresiones que ocasionalmente lo frenan”.
“La digitalización de la esfera pública presenta un interés singular. Habermas llegó a dedicarle un librito en el que lamentaba la pérdida de la orientación que suministraba el periódico clásico, pero añadía que con las redes sociales puede pasar lo mismo que con la imprenta: que la sociedad necesite de un tiempo de adaptación al término del cual sus miembros habrán aprendido a usarlas de manera responsable”.
“De un lado, la esfera pública propiamente dicha se democratiza y expande, facilitando la participación de todos los ciudadanos e intensificando su carácter desordenado; desde el punto de vista de la teoría habermasiana, se trataría de una transformación positiva”.
“Del otro, sin embargo, cabría lamentar que las redes sociales hayan desdibujado la frontera entre centro y periferia del sistema político, ya que basta un vistazo a los tuits de Donald Trump –o a la cuenta de Tik Tok de Sánchez y sus ministros–para comprobar que el lenguaje de líderes y partidos es cada vez menos institucional y está más pobremente formalizado”.
“El valor de la obra de Habermas reside principalmente en la lucidez con la que desvela el fundamento racional de la democracia liberal como forma de gobierno de la sociedad post-metafísica. Digamos que el autor alemán propone una explicación plausible del progreso social como resultado de un aprendizaje que la deliberación hace posible (…) y que acierta cuando coloca esa misma deliberación pública en el centro del procedimiento democrático”.
“En otras palabras, Habermas identifica las normas emancipatorias implícitas en las sociedades democráticas: para que reconozcamos su valor y nos esforcemos por preservarlas. No se puede hacer mucho más; de ahí que la suya fuera una gloriosa derrota. Atesoremos el proyecto ilustrado y honremos a sus defensores: sin sus ensoñaciones racionales, estaríamos aún peor de lo que estamos”.