Observatorio de Medios UCA

Ramón Salaverría ofrece su visión del presente de la comunicación


Ramón Salaverría, profesor de Periodismo en la Universidad de Navarra, fue entrevistado por el diario El Mundo. Su visión de la comunicación, la información, el periodismo y la sociedad en algunas frases destacadas.

“(La desinformación) Es la diseminación deliberada, es decir, voluntaria, de información falsa con una dimensión pública y con una intención de engañar a un volumen grande de personas. Hay que distinguir esto del puro error, en el que todos podemos incurrir“.

Durante los últimos años, desde el Brexit en 2016 y la primera victoria de Donald Trump, hemos vivido una década en la que ha habido múltiples fenómenos en los que se ha visto que las injerencias o manipulaciones desinformativas generan un efecto desestabilizador en las sociedades, especialmente, en las democracias occidentales”.

Las redes sociales no se consideran responsables automáticas del contenido que publican sus usuarios. Aunque funcionan como intermediarios de la información, y, en ese sentido, podemos considerarlos medios, lo cierto es que no actúan como editores tradicionales. La responsabilidad de la red social aparece cuando la plataforma tiene conocimiento del contenido dañino o ilegal y no actúa con diligencia para retirarlo o limitar su difusión“.

Que el fundador de Telegram pueda enviar un mensaje directo y masivo a millones de usuarios ilustra hasta qué punto algunas plataformas concentran hoy un poder comunicativo enorme, comparable al de grandes medios… pero sin los mismos contrapesos democráticos. Ese poder evidencia una asimetría: actores privados globales pueden influir en el debate público interno sin rendir cuentas ante los ciudadanos“.

Europa necesita reforzar su soberanía digital, pero eso no pasa por criminalizar opiniones ni por dar poderes arbitrarios al Gobierno, sea del color que sea. Pasa por exigir a las plataformas reglas claras: cómo moderan, cómo amplifican mensajes, cómo protegen datos y qué mecanismos existen para recurrir sus decisiones“. 

Me parece conveniente y hay un cierto consenso político en todo el arco parlamentario en que hemos llegado a un punto en el que las plataformas están campando a sus anchas generando situaciones perjudiciales, particularmente, para el segmento más sensible de la población, que son los menores. Pero, al mismo tiempo, hay que potenciar un uso responsable de las herramientas digitales. Durante los últimos 25 años ha habido una apuesta importante por la alfabetización digital. Ahora necesitamos desarrollar una alfabetización mediática, que pasa por disponer de la capacidad de utilizar esas herramientas digitales con responsabilidad y con un sentido crítico”.

Que un medio reivindique demandas sociales o que señale problemas que no coinciden con las prioridades que puede tener un ciudadano no convierten a ese medio en un desinformador. Es una evidencia que las encuestas, tanto en España como a escala europea, sitúan en la esfera política, y no tanto en el ámbito de los medios, el origen de la desinformación“.

El papel de los medios periodísticos es conocido desde hace décadas: su figura clásica de perro guardián que trata de poner cierto control ante los otros poderes, incluido el ejecutivo. Es una responsabilidad social que le corresponde al periodismo“.

El ciudadano percibe que hay una pérdida de principios entre la clase política a la hora de manejarse con la verdad y desde evidencias empíricas. Un dato contrastado no se puede negar“.

La definición de qué medios son profesionales o pseudomedios no debería depender de ningún Gobierno. El hecho de que las autoridades públicas determinen qué medios son fiables o no nos sitúa en un contexto que es el propio de donde hay un control sobre los medios periodísticos“.

Si se establecen criterios entre medios buenos y malos, se va un paso más allá y se pone en serio riesgo un derecho fundamental como es el derecho a la información. Los ciudadanos tenemos la libertad de decidir cuál es la información que consumimos. Eso debería ir acompañado de una formación. En España hemos identificado un ecosistema de casi 3.000 medios digitales activos. En ese mercado, la inmensa mayoría de los medios actúa bajo cánones profesionales. Sólo hay una periferia que aparentan ser medios, pero que atienden a otro tipo de intereses ideológicos o económicos“.

La guerra se libraba en un espacio físico; ahora también en el ciberespacio, en internet y en el entorno espacial mediante satélites. A las esferas clásicas se ha sumado la de nuestra mente. Cuando en un conflicto bélico, una de las partes consigue condicionar las creencias y las expectativas del adversario, ya está ganando sin necesidad de disparar una bala. Se está viendo que, a través de estrategias de manipulación deliberada de la información, se puede llegar a condicionar la opinión pública de un adversario. Lo vemos en Gaza y Ucrania“.

Los medios periodísticos, a pesar de la caída abrupta de su credibilidad por su tendencia a un alineamiento ideológico excesivo, son un filtro profesional para los mensajes. Uno de los principales rivales, por no decir el principal, de la desinformación es el periodismo“.

Habría que desterrar del lenguaje público el concepto de ‘fake news’. Es una falsedad en sí mismo. De un tiempo a esta parte se ha reducido significativamente su uso. El periodismo puede cometer errores, pero no disemina deliberadamente falsedades“.

Sólo puedo comparar el impacto de la inteligencia artificial en el periodismo con el que tuvo la aparición de internet hace exactamente 30 años. De momento, podríamos decir que hemos ido a peor. Se están multiplicando los contenidos falsificados, ya sean gráficos o sonoros, y eso hace más difícil distinguir lo cierto de lo falso. Y los medios están incorporando estas tecnologías por la puerta de atrás, sin un criterio de transparencia“.

“Los medios experimentarán en los próximos años una transformación muy profunda. Lo que necesitamos es afirmar los valores y los principios esenciales del trabajo periodístico”.


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