Problemas de información y un nuevo desorden global


La revista Scientific American dedica su número de septiembre de 2019 a la cuestión de la verdad, la mentira y la incertidumbre. El ejemplar reúne una serie de artículos que incluye, entre otros, la problemática de la verdad en la física, cómo interpretar correctamente datos estadísticos, el impacto de estos fenómenos sobre la democracia y la corrupción, la verdad en la matemática. En este caso nos detendremos en un artículo titulado “Misinformation Has Created a New World Disorder” (“La información incorrecta ha creado un nuevo desorden mundial”, aquí en una versión abierta) escrito por Claire Wardle. La autora parte del supuesto que las redes sociales en vez de operar sobre el mundo existente para crear un espacio deliberativo y que permita un mejor debate público, sólo reforzó actitudes humanas naturales tendientes a profundizar creencias y prejuicios preexistentes. En el artículo, Wardle categoriza tres tipos de mensaje que circula por las redes y el espacio público:

a) Misinformation (información incorrecta). Es definida como un mensaje incorrecto o erróneo que es difundido por el interés de participación o pertenencia a u determinado grupo, ya sea de corte político, o en contra del uso de vacunas, o en favor del terraplanismo.

b) Malinformation (información dañina). Es una información genuina o verdadera que se distribuye al fecto de causar un daño particular a una persona, grupo o institución.

c) Disinformation (desinformación): esta vertiente reúne las dos anteriores. Es una información incorrecta o inexacta producida a drede para causar daño. Tiene un apretensión de insertar teorías conspirativas o rumores dañinos.

Uno de los objetivos de la autora para plantear esta conceptualización es correrse del uso del término “fake news” ya que es utilizado actualmente para agredir a los medios y periodistas críticos. En su investigación, Wardle cubrió ocho campañas electorales desde 2016 donde observó el uso de estas técnicas combinadas. Por ejemplo, en la difusión de un video de la portavoz de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, donde ralentaron sus palabras para que pareciera estar ebria. En el caso de los memes, estos tuvieron protagonismo en la campaña presidencial de 2016, afectando la polarización entre precandidatos primero, como Bernie Sanders y Hillary Clinton y luego entre esta y Donald Trump. Muchos de ellos fueron manufacturados en Rusia y distribuidos en Facebook. La cuestión central pasa cuando personas incautas o ingenuas distribuyen desinformación (disinformation) sin saber qué es porque no la pueden chequear y lo hacen sin intención de dañar como si fuera información inexacta o errónea (misinformation). El efecto aquí es grave por los canales de distribución basados en la confianza interpersonal.

La solución propuesta por Wardle para prevenir la difusión y viralización de estos contenidos es no sólamente activar mecanismo de media literacy o educación en medios sino traducirlos estos en una actitud activa contra la distribución de este tipo de contenidos.


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