Observatorio de Medios UCA

Consejos de Dean Baquet, un viejo lobo de mar


Dean Baquet es un típico exponente del periodista de Estados Unidos. Pasó por las redacciones de los medios gráficos de noticias más relevantes y prestigiosos del país como el Chicago Tribune, Los Angeles Times y The New York Times. En estos últimos dos fue editor ejecutivo. Obtuvo el Premio Pullitzer. El sitio de noricias online español El Confidencial le realizó una profunda entrevista. A continuación algunos parráfos destacables donde se explaya sobre la tensión entre el periodismo y el poder político, el periodismo y la publicidad, la polarización política y la fragmentación social, el riesgo de una lejanía entre los periodistas y los públicos, los desarrollos tecnológicos como las redes y la IA, en qué reside valor del periodismo y de las redacciones,… Todos temas de actualidad y de gran valor.

Hay que ser muy riguroso en la cobertura. Investigar sin descanso, de manera agresiva. Hemos puesto mucha energía, desde el primer mandato y también en el segundo, en cubrir las finanzas de Trump, en explicar cómo obtiene beneficios personales. Es importante no perder los nervios, no alterarse, no dejarse arrastrar a su terreno de juego. Cuando yo era director, desaconsejamos a la gente entrar en batallas en Twitter con él o con gente de su entorno. Eso socava nuestra credibilidad. Hay un cierto tipo de lector que, cuando lo hacemos, cuando caemos en la trampa, nos ve como parte de ese teatro, como parte de ese juego. Cuando caemos en eso, nos estamos haciendo daño. La fórmula pasa por investigar de manera muy concienzuda sobre sus excesos, ser justos en las críticas, hacer un esfuerzo por comprender las fuerzas sociales que provocaron que fuera elegido, y también cubrir sin descanso los cambios que ha provocado al país. Todo ello mientras intentamos no meternos en discusiones con él. Esas peleas no se pueden ganar.

Recuerda que los lectores, y creo que esto es cierto en todas partes, sospechan cada vez más del poder. Y esa sospecha se extiende también a nosotros. Creo que tenemos que trabajar muy duro para distinguirnos de los políticos que están en el poder, no hablando por hablar, sino siendo muy reflexivos, dejando que la gente entienda cómo trabajamos, y siendo realmente exhaustivos cuando investigamos.

Si escribes una historia de investigación potente sobre Donald Trump, y te has posicionado como el enemigo de Donald Trump, mucha gente no te va a creer. Van a pensar que es otro ataque político, no una historia de investigación verídica. Así que, por difícil que sea, tienes que ser independiente. Eso no significa que no debas ser agresivo. He pasado toda mi carrera haciendo periodismo de investigación agresivo, como reportero y como editor. Pero no puedes ser percibido como el enemigo.

El reporterismo para mí es la estrella polar. No hablo solo de los reporteros tradicionales; también de los fotógrafos, el vídeo… El reporterismo es salir a descubrir cosas que no se saben. Tan sencillo y tan complejo como eso. Es salir de la oficina, dejar el ordenador y aprender cosas. 

La inteligencia artificial no puede hacer esto de lo que estoy hablando. No puede salir a la calle y hablar con la gente. Eso es lo único a lo que tenemos que aferrarnos. Por eso mi mayor temor, como has dicho, es que cada vez hay menos reporteros haciendo su trabajo.

El modelo económico está muy debilitado y muchos reporteros se han quedado sin trabajo. Hay medios que no invierten en reporterismo porque no pueden o porque no quieren. Algunos invierten en opinión o en otras cosas. Ahí está el ejemplo de Fox News, incluso de CNN. Retransmiten horas y horas de personas hablando y gritándose, en lugar de dedicarse a descubrir asuntos que no se conocen. Además, el periodismo de investigación es arriesgado, es lento y a menudo ni siquiera tienes tiempo para hacerlo.

Tienes que conseguir que la gente te cuente cosas aunque eso les cause un problema. También hay que tener la voluntad de superar los límites de tus capacidades. Si no sabes nada sobre un tema, has de sumergirte de lleno. Ustedes trabajaron en los Papeles de Panamá y estoy seguro de que no erais expertos en finanzas internacionales cuando empezásteis. Y también es muy importante tener ambición. Los mejores reporteros de investigación ven las historias a lo grande. Tienen una idea, pero siempre la imaginan a lo grande, algo que acaba teniendo consecuencias o que ilustra algo más grande. Eso los hace ambiciosos.

Creo que a veces (los periodistas) sí somos parte del problema. Pero hay muchas más cosas. Hace 50 años, una organización de noticias hacía unas 15 o 20 cosas útiles para la gente. La mayoría de esas cosas eran inocentes, benignas, no molestaban a nadie. Tenías que comprar el periódico para saber si iba a llover ese día. Tenías que leer el periódico para saber si tu equipo había ganado o perdido. Tenías que leer el periódico para saber si la bolsa subía o bajaba. Tenías que leer el periódico para saber qué iban a echar en la televisión esta noche. Tenías que leer el periódico para saber qué películas ponían, etcétera. Incluso si no te gustaban las noticias, tenías que comprar el periódico de todos modos.

El 30 o 35 % de los estadounidenses siguen a Trump con fervor y les están diciendo todos los días que el The New York Times y el Washington Post son enemigos del pueblo. O difusores de odio. O que queremos destruir el país. Y todo esto sucede al mismo tiempo que nuestro modelo de negocio atraviesa graves problemas…

Cuando yo era un joven reportero de investigación, nunca estuve muy interesado en contarle a los lectores cómo había hecho una historia. Asumíamos que los lectores tenían que confiar en nosotros. Creo que tenemos que trabajar mucho más duro para mostrarle a la gente cómo trabajamos y quiénes somos.

Si la gente viera que somos personas normales que trabajamos duro para lograr una historia, convenceríamos a muchos de que no somos lo que piensan que somos. Algunos escuchan a todos los Donald Trump que hay en el mundo y realmente piensan que los periodistas estamos sentados en una habitación inventándonos cosas.

Hoy en día hay mucha menos tensión entre las redacciones y los empresarios, pero es porque la publicidad ocupa menos espacio ahora. Antes realmente estábamos en mundos diferentes; enfrentados. Mi mundo era informar, descubrir cosas y publicarlas. El departamento de publicidad tenía una misión muy distinta y muy difícil: convencer a la gente para que pusiera anuncios.

Ahora que la publicidad está en declive y que el enfoque ha virado hacia la audiencia de pago hay mucha más sintonía. Cuando yo dirigía The New York Times, quería tener una relación cercana con los ejecutivos que intentaban construir audiencias. Ellos querían lograr suscriptores y yo sumar lectores. Por primera vez, estábamos completamente en sintonía.

En el New York Times nunca hubo ninguna presión desde el lado comercial. La familia que controla el New York Times, la familia Sulzberger, es un tesoro. Siempre que me pedían recortar, sabía que era por un buen motivo. Nunca me sentí incómodo.

Hay una crisis gigantesca, sí. Todo el mundo mira ahora al Times como un gran éxito, pero te diré que no lo veíamos así hace 10 o 12 años. Fue muy difícil, muy difícil. Dicho esto, es cierto que las redacciones se están desmoronando por todas partes. El modelo económico, en su mayoría, ya no funciona. La razón por la que me dedico a las noticias locales ahora es porque las noticias locales están en crisis total. Casi cada semana quiebra un periódico local en EE. UU. Y eso significa que hay menos reporterismo y menos reporteros. Ni siquiera estoy seguro de que la gente haya entendido cuán profunda es esta crisis.

Hay mucha experimentación, muchas nuevas cabeceras emergentes. Para lanzar un diario antes de Internet, habrían tenido que invertir miles de millones de dólares. Habrían tenido que pagar edificios, imprentas, sistemas de distribución, camiones, papel… Ahora no lo necesitan, ¿verdad? Veo muchas publicaciones nuevas muy buenas, muy interesantes, y paso mucho tiempo trabajando con ellas, ayudándolas. Hay cosas emocionantes. Son periódicos realmente serios, que se inclinan hacia la investigación.

Estoy totalmente a favor de las noticias vengan de donde vengan. No estoy a favor de la estructura por la estructura. Pero creo que se siguen necesitando organizaciones. Un periodista independiente con una cuenta difícilmente va a cubrir de manera profesional una guerra. A menos que alguien me demuestre lo contrario, sigo pensando que necesitas un grupo que respalde el periodismo de investigación y el reporterismo profundo. Necesitas un grupo porque necesitas personas que tengan el tiempo para trabajar en las historias. Necesitas personas que les den orientación, necesitas personas que las editen. Incluso los grandes reporteros de investigación independientes, como Seymour Hersh, tienen que publicar en algún lugar y tienen que ser editados. El reporterismo todavía necesita esa estructura.

No podemos huir de la tecnología; ya cometimos ese error con internet. Cuando llegó, la mayoría de las redacciones no querían ni oír hablar de ello porque ganábamos mucho dinero con el papel. Tardamos demasiado en reaccionar. Con la IA tenemos dos opciones: esconder la cabeza otra vez o ver cómo puede ayudarnos mientras resistimos lo que nos perjudica.

Mi mayor temor con la IA es puramente económico. Me preocupa que devore toda esa información que a nosotros nos cuesta millones de dólares conseguir —enviar reporteros a zonas de guerra, llamar a las puertas, investigar— y que las empresas tecnológicas se la apropien sin darnos ningún beneficio. Eso es lo que hay que combatir. Pero si una redacción pequeña puede usar la IA para tareas de edición y así mantener a más reporteros sobre el terreno, hay que considerarlo. La estrella polar debe ser siempre tener ojos en la calle.

Jeff Bezos en el Washington Post, o con los Ellison en su aterrizaje en CBS. Han hecho movimientos para cortejar a Trump que me resultan muy incómodos, como organizar cenas en Washington para homenajear a la Casa Blanca. Nosotros no nos homenajeamos; nosotros cubrimos profesionalmente al gobierno. Las grandes organizaciones deben ser lo suficientemente poderosas como para plantarse ante cualquiera, y el lector debe percibirlo así.

Cuando diriges un gran medio la gente te corteja constantemente, y tienes que ser muy radical para resistir la tentación. Por ejemplo, yo nunca aceptaba encuentros off the record. Durante los años que dirigí la delegación de Washington del Times, nunca me reuní con Barack Obama. Él quería tener almuerzos y cenas off the record y yo no hacía eso, yo no creía en eso. Es muy tentador, muy fácil dejarte seducir y acabar sintiendo que perteneces a los círculos adecuados. He visto a muchos editores y directores caer en esa trampa, jactarse de que les invitan a los sitios adecuados.

¿Mi mayor error? Sin duda, no haber adoptado internet lo suficientemente rápido cuando era editor en el Los Angeles Times. Me aferré a las tradiciones durante demasiado tiempo. Cuando llegué a la dirección del New York Times, esa herida me sirvió para entender que no podía volver a esperar y que tenía que estar dispuesto a cambiar la estructura de manera radical. Si supiera entonces lo que sé ahora, lo habría manejado de manera muy diferente.


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